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Mitología Guaraní

Retratos que toman la cosmología guaraní como material simbólico a rediseñar, no como vestuario a describir. Tumé Arandú, Marangatú,Japeusà y otras figuras se reinterpretan con línea decorativa, color saturado y composición simétrica: un sistema visual propio, no ilustración etnográfica.

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Tume Arandu

Marangatù

Japeusà

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Tumé Arandú es, en el ciclo mítico guaraní, el primer hijo: el más sabio de los hombres y el gran profeta del pueblo. La pieza no narra esa historia, la resume en un solo símbolo: una corona vegetal que crece directamente de la cabeza, como si la sabiduría fuera algo que se cultiva y no algo que se hereda. Las marcas faciales completan el retrato como escritura, no como decoración.

Marangatú es el segundo hijo: un líder generoso y benevolente, padre de Keraná, la mujer de la que nacerán los siete monstruos legendarios del pueblo guaraní. La corona de ave del paraíso que enmarca su rostro no ilustra ese linaje, lo resume: una sola flor en lugar de siete criaturas. La virtud se lee en la calma del gesto, no en el relato que la rodea.

Japeusa es el tercer hijo del ciclo mítico guaraní: el que nació al revés, con los pies por delante, y desde entonces lleva el cangrejo como emblema, el animal que también parece moverse al revés. La pieza no cuenta la anécdota de su desobediencia, la traduce en un solo símbolo: el cangrejo instalado en la corona vegetal, en el lugar donde otras piezas de la serie llevan un ave o una flor. Lo que en el mito es una falta se vuelve acá una marca de identidad.

Mbayá
Guaicurú

El pueblo guaicurú, también llamado mbayá, habitó las costas del río Paraguay. Gran parte de lo que se conoce hoy de esa comunidad llega a través del registro fotográfico de Guido Boggiani, a fines del siglo XIX. Esta pieza toma como punto de partida uno de esos retratos: una mujer que ocupaba un lugar de rango dentro de su pueblo.

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Keraná

Keraná es la madre de los siete hijos del mito guaraní: Teju Jagua, Mbói Tu'ĩ, Moñái, Jasy Jateré, Kurupí, Ao Ao y Luisón. Cada uno hereda una fuerza distinta del monte, la noche o el deseo, y juntos forman el linaje más extenso de la cosmología guaraní. Las líneas geométricas de su rostro y los aros de guacamayo no decoran ese origen, lo multiplican: un trazo repetido por cada hijo. La pieza la trata como punto de partida, no como advertencia.

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El samu'ú guarda agua en su propio tronco: una adaptación real que la cultura popular convirtió en metáfora de resistencia. Aquí ese tronco se dibuja como una vasija tallada, con raíces que se abren en espejo hacia ambos lados. El árbol no se retrata como paisaje: se retrata como objeto, como si ya hubiera sido tallado antes de ser ilustrado.

Samu'ú

Armadillo

El armadillo cava. En la cosmovisión guaraní esa acción tan simple lo asocia con lo subterráneo y con el cuidado de lo que sostiene la vida en la superficie: un limpiador silencioso de la Madre Tierra, que trabaja donde nadie mira. La pieza lo retrata entre hojas anchas y una única flor, con la misma composición simétrica y frontal que el resto de la serie, y el gesto ecológico no se explica, se construye con la misma disciplina formal que todo lo demás.

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DISCLAIMER: Toda mi obra parte de una libre interpretación artística de la cultura, la mitología y la historia paraguayas: no pretende constituir, en ningún caso, una representación científica, histórica ni antropológica de estos temas./My work as a whole is a free artistic interpretation of Paraguayan culture, mythology, and history — not a scientific, historical, or anthropological representation of these subjects.

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